Un proyecto colombiano mitigará problemas en represas y rellenos sanitarios.

Conocer muy bien una planta invasora, la maleza acuática, pero no saber qué uso darle era el dilema que hace tres años enfrentaba Tatiana Jaramillo Burgos, una antioqueña que estudia Diseño Industrial en la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

Mientras algo se le ocurría, seguía trabajando al lado de su papá, el ingeniero Óscar Jaramillo, quien hace tres años se ganó una convocatoria de Colciencias y EPM para construir una cosechadora de malezas acuáticas (Eichornia crassipes) que permitirá recoger de forma mecánica esta ‘plaga’ que amenaza las represas.

“Empecé a investigar y conocí a fondo la problemática que están generando en Antioquia y en el país. Invaden un cuerpo de agua en muy poco tiempo y afectan la vida subacuática porque les quitan oxígeno a los peces. Si bien también absorben contaminantes, es más el daño que hacen”, sostiene Jaramillo.

Hace unos meses se enteró de que la Gobernación de Antioquia estaba retando a gente innovadora a través del concurso ‘Quién se le mide’, para dar solución a problemáticas en diversos frentes sociales.

Uno de los retos era crear material biodegradable para elaborar vasos y platos y reemplazar los desechables, que tardan medio siglo en degradarse. Ella pensó que tal vez su hora había llegado.

“Ese reto lo pusimos porque tenemos saturación de residuos sólidos en nuestros rellenos sanitarios, sobre todo en las regiones, a donde también va a parar esta maleza o buchón de agua, y no a los arroyos. En toda parte se usan desechables para consumir alimentos, y queríamos encontrar una propuesta con un costo bajo y que se pudiera masificar”, sostuvo Luz Ángela Peña, secretaria de Medio Ambiente de Antioquia.

Según una investigación del Grupo de Ciencia de los Materiales de la Universidad de Antioquia, el buchón de agua es común en las fuentes de agua potable y ha causado problemas en embalses para la generación de energía. Pero también dicen que se pueden usar para fabricación de objetos artesanales y como absorbente de plomo y cromo. En Amalfi (nordeste antioqueño), por ejemplo, las mujeres la usan para elaborar papel.

Tatiana se inscribió en el concurso y, aprovechando que tenía la materia prima a la mano, empezó una transformación artesanal del mismo. Desinfectó la maleza, hizo separación, la puso en un proceso de calor, la trituró en una licuadora casera y luego la empezó a moldear hasta darle la forma de plato y recipiente.

Para impermeabilizar los objetos, posteriormente usó un biopolímero de maíz. La Gobernación planteó 18 retos, y ella fue una de las ganadoras. Recibió un incentivo de $35 millones para que siga con su investigación y para que su idea se convierta en una empresa exitosa. “Como todo es manual, la elaboración de estos utensilios tarda 15 días, pero estamos avanzando en su tecnificación y producción a escala”, dice.

Fuente: El Tiempo (Colombia)