A sus 86 años, las rodillas de Juliana Morais da Costa dan signos de un evidente agotamiento cuando se reclina con la batea que, 60 años atrás, usaba para separar el oro que circula por el curso del Córrego Rico, en Paracatú, estado brasileño de Minas Gerais.

“Trabajé desde pequeña como garimpeira (buscadora de oro), hasta la edad de 20 años. Salía de casa a las cinco de la mañana y volvía a las cuatro de la tarde”, dice a Notimex esta mujer, mientras muestra la batea, oxidada y vetusta, que usaba para separar el precioso metal.

Juliana es memoria viva de una época que refleja la extraordinaria riqueza mineral de Paracatú: como ella, cientos o incluso miles de familias han vivido al menos desde el siglo XVIII de la explotación artesanal y semimecanizada del oro, que yace mezclado a la plata, el arsénico y otros metales pesados en la Colina de Oro.

Historiadores como Luiz Aranha Correa do Lago aseguran que “Brasil se convirtió en el siglo XVIII en el mayor productor mundial de oro, con una producción superior a la del resto de países de las Américas y también a la suma de las producciones de los otros continentes”.

Posteriormente, generaciones se pasaron una tras otra las técnicas para obtener el fino polvo dorado que, en Paracatú, serviría de sustento para familias, a cambio de largas jornadas de duro trabajo y del costo ambiental de lanzar a los ríos el mercurio usado en la amalgama.

Terezinha de J. Santana Guimarães, historiadora del municipio de Paracatú, explicó que la riqueza del municipio fue descubierta tarde en comparación con otras localidades del Minas Gerais, como Ouro Preto (Oro Negro, en portugués).

“Ese descubrimiento tardío de las minas de oro tuvo como consecuencia que todavía hoy haya oro en Paracatú y en la Colina de Oro, que ahora es explotada por una multinacional canadiense”, dijo a Notimex en su oficina de la Secretaría Municipal de Cultura.

Con la llegada de las empresas mineras en la década de 1990 fue prohibido en Paracatú el “garimpo” (la búsqueda de oro familiar), provocando un considerable impacto en la economía local, pues muchas familias vivían de extraer polvo de oro para venderlo después.

“La roca es aquí tan rica en oro que en el siglo XX, cuando había lluvias y el empedrado era sustituido por asfalto, la gente se lanzaba a extraer las piedras del adoquinado, para obtener de ellas el oro. El gobierno local tuvo incluso que aprobar una normativa para prohibirlo”, indicó.

A menos de dos kilómetros del centro de esta ciudad con toque colonial se abre paso, en una extensión equivalente a 50 campos de fútbol, la concesión minera de la empresa canadiense Kinross, que desde 2005 extrae el oro en esta inmensa mina a cielo abierto.

Excavadoras y camiones con ruedas de hasta 3.70 metro de altura se afanan día y noche en un espacio visual similar al de un paisaje lunar, con el objetivo de transportar la roca que se arranca de la tierra por medio de decenas de explosiones coordinadas con dinamita, que se producen a diario a las 15:00 horas.

La empresa extrae anualmente 500 mil onzas de oro, lo que en 2014 supuso una facturación de unos 650 millones de dólares, según el director general de la mina, Gilberto Azevedo.

Los lingotes de oro –celosamente guardados por un equipo de seguridad de más de 120 personas- son enviados en helicóptero a Sao Paulo para evitar el riesgo de robos en una carretera –la BR-40- que, a pesar de conectar con la capital, Brasilia, no presenta condiciones idóneas para ser una vía rápida.

“El protocolo de seguridad es muy estricto. El helicóptero aterriza y recibimos el apoyo de la policía militar para coordinar el transporte del oro, que se hace de forma muy rápida”, explicó un vigilante de seguridad que solicitó el anonimato.

Reveló que, durante la noche, es común que decenas de personas -“grupos criminales organizados”, asegura- entren en la zona de relave de la mina, donde los residuos son lanzados, para recoger el oro remanente.

Fuentes consultadas por Notimex con conocimiento de las operaciones de la empresa y de la composición geológica de la roca en Paracatú indicaron que sólo el 70 por ciento del oro es extraído en los procedimientos químicos de Kinross.

Debido a ello, entre un 20 y un 30 por ciento estaría mezclado con otros metales pesados en los residuos lanzados por la empresa a dos enormes embalses de agua construidos para ese fin.

“Un tesoro por el que muchos están dispuestos a jugarse la vida”, añadió la fuente.

 

Fuente: Minería en linea